Miedo a entrenar

Dos personas practicando artes marciales en la calle

Estar en medio de una pandemia en la que una de las medidas de seguridad más aceptadas y útiles consiste en mantener una distancia de al menos 1,5 m definitivamente le pone la cosa un poco más difícil al mundo de las artes marciales.
Este año, supongo que al igual que a muches otres aficionades a las artes marciales, mi asistencia a los entrenamientos de wing tsun ha estado muy condicionada no solo por las recomendaciones oficiales, sino también por mi propia percepción de seguridad personal, que no siempre han ido de la mano.

En parte por todo esto, y reconozco que desde una gran situación de privilegio en la que tengo la suerte de poder estar sana y tener una situación laboral estable, he estado reflexionando mucho últimamente sobre mi relación con las artes marciales en general.

La verdad es que llevo alrededor de dos meses sin ir a mi escuela de wing tsun y, cuando hablo de ello, siempre digo que me da «miedo ir a entrenar». Pero, ¿es en realidad miedo?

Mi relación con las artes marciales lleva siendo intermitente desde hace ya bastante tiempo. Recuerdo que, después de dejar el karate (por primera vez), durante demasiados años me negaba a volver. No porque pensara que ya no me gustaba más el karate (una razón bastante legítima para no volver), sino porque me daba «miedo» no estar a la altura, no volver a tener tiempo o capacidad para «tomármelo tan en serio» y no sé muy bien qué más motivos que ahora no me parecen tan importantes.

Sin embargo, de unos años para acá, en parte por haber dejado un trabajo que me estaba amargando, en parte por lo que sea, estoy intentando aprender a aceptarme más a mí misma y a no preocuparme tanto por si «no estoy a la altura» (¿a la altura de qué o de quién?) o por si no me estoy tomando las cosas (?!) lo suficientemente en serio.

Para llegar a estas conclusiones, las artes marciales me han ayudado mucho directa o indirectamente durante este tiempo.
Una de esas ayudas indirectas (me) llegó al mudarme a Múnich y empezar a entrenar en Bushido München, un club de karate LGBT.

Por una parte, fue mi primera experiencia con un club de artes marciales LGBT, y eso ya fue bastante liberador de por sí. Por otra, perdí mi «miedo» a regresar a karate. Desde que lo dejé la primera vez, me había atrevido a asistir a entrenamientos de otras artes marciales, pero nunca de karate. Gracias a volver, me di cuenta de que realmente lo necesitaba. Vi que parte de mis inseguridades estaban un poco infundadas por una especie de nostalgia rara y lo volví a ver todo como algo más tangible y asequible.

Por último, en este mismo club conocí a todo tipo de gente y todes estaban allí siguiendo motivaciones totalmente distintas. Había gente a la que realmente le apasionaba el karate como arte marcial, claro. Pero también había gente que solo quería hacer algo de ejercicio, o sentirse con más seguridad, o simplemente conocer a otras personas y socializar cada semana.

Y en realidad, todo estaba bien. Nadie tenía que demostrar nada a nadie.
Creo que algo que siempre había repetido pero nunca había terminado de interiorizar es que las artes marciales son un camino personal. Habrá alguien (o alguienes) que guíe tu camino, sí, pero eres tú quien decide cuántos kilómetros vas a recorrer y qué medio de transporte vas a utilizar.
Y la verdad es que creo que es algo que le quita bastante presión a la vida en general.

Pero dicho todo esto y volviendo a la primera reflexión del post, ¿lo de ahora sigue siendo miedo?

Repito que creo que es un momento complicado para quienes practicamos artes marciales, probablemente en especial para quienes tienen un gimnasio y probablemente tengan que enfrentarse a situaciones un poco extremas para poder seguir adelante con el negocio.

Aclarado esto, creo que tal vez lo que siento esta vez, más que miedo, sea desconfianza, o tal vez algo de decepción.

En la ciudad en la que vivo actualmente, desde hace meses se volvió a permitir entrenar con contacto y sin mascarilla. Sin embargo, cuando se emitió esta recomendación (sin entrar en lo conflictivo que me parece estar sin mascarilla cara a cara con otra persona a distancias muchísimo menores a 1,5 m) el número de casos activos era bastante menor que el que hay ahora. Y sin embargo, aun aumentando los casos significativamente cada semana, seguimos en las mismas sin rectificar.

Y no dejo de preguntarme si todas esas cosas sobre la humildad en las artes marciales no será simplemente algo de boquilla y, a la hora de la verdad, nos cuesta recular igual que a todo el mundo.
El problema es que ahora estamos hablando de un asunto de salud pública y, en mi opinión, creerse por encima del sentido común y de la ciencia no hacen ningún bien ahora mismo.
Soy la primera que se muere de ganas de volver a entrenar con contacto, sí, pero si al entrenar en condiciones de normalidad siempre tenemos cuidado de no partirle la cara sin querer a nuestre compañere, ¿por qué ahora no hacer lo mismo de otra manera y centrarnos en otros aspectos del entrenamiento que puedan garantizar condiciones de seguridad para todo el mundo?

Por eso, ya que como también nos enseñan las artes marciales, no podemos cambiar a los demás, solo a nosotres mismes, llevo este tiempo sin ir a los entrenamientos. Y seguiré sin ir hasta que no esté convencida de que garantizan unas condiciones de seguridad para todo el mundo (condiciones de seguridad reales y no inventadas, a ser posible).
Pero también, como decía, creo que yo decido cómo recorrer mi camino. Y por eso esta temporada continúo entrenando en casa y profundizando en otros aspectos a través de la lectura o escribiendo en este blog. Después de tanto reflexionar, he llegado a la conclusión de que no tengo ninguna prisa por terminar este camino y estoy convencida de que ralentizar ahora la marcha servirá para que tanto yo como más gente podamos seguir avanzando durante mucho más tiempo.

Así que no, tal vez ahora sea otra cosa. Tal vez ya no se trate de miedo a entrenar.

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Imagen destacada: Photo by Craig Adderley from Pexels

2 thoughts on “Miedo a entrenar

  1. No sabes cuánto entiendo tu perspectiva.
    Te voy a contar lo más breve mi caso: Doy clases con un pequeño grupo y estamos preparando un examen desde hace año y algo antes del Covid19, el más perjudicado del grupo soy yo porque soy quien gana algo de ello y quien «necesita» el cinturón por motivos profesionales.
    Mis compañeros han comenzado a entrenar y ayer fui a verlos tras un mes estando ellos solos. No pude terminar la clase, me abrumaba el riesgo percibido en la práctica y he decidido que no voy a volver momentáneamente, básicamente porque convivo con gente de riesgo. Ellos no ven el «peligro» y seguirán, que no les culpo, pero yo intentaré centrarme en la técnica en solitario, kobudo, acondicionamiento físico, kata… Y cuando toque volveré.
    No sé como va a cambiar el virus el paradigma de las artes marciales pero desde luego comienza a aterrarme.

    Al margen de todo esto… ¡muy buena entrada! Un abrazo y mucha salud.

    1. ¡Muchas gracias por comentar y compartir tu experiencia, RuroniRevan!
      Si yo estoy así sin ser yo responsable de ninguna clase, ya me puedo imaginar cómo debes de estar pasándolo 🙁

      Supongo que toca una temporada complicada (y bueno, siendo realistas, ojalá las «complicaciones» solo se nos queden en el dojo)… A mí me genera un poco de estrés extra esa sensación de sentirme un poco «loca» por solo estar parando yo.
      Sin embargo, creo que el riesgo es objetivamente real y que cada persona tendrá que evaluarlo según sus circunstancias y decidir si quiere y puede aceptarlo o no. En mi caso, tengo claro que por el momento no.
      Pero sí, supongo que de una manera u otra, el paradigma tendrá que cambiar, porque parece que vamos para largo…

      ¡Otro abrazo para ti y salud!

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